Por
Leonardo Tello Imaina y Bárbara Fraser
La versión original de este artículo se
publicó en inglés el 1ro de julio del 2016 en la revista Sapiens: http://www.sapiens.org/culture/rubber-era-myths/
Foto: Leonardo Tello
Después que les había hecho dormir
profundamente, el tigre negó entró al campamento y los mató a todos cortándoles
el cuello. Les chupaba la sangre. Solo uno se salvó escondiéndose en el bosque.
Desde ahí escuchaba a sus compañeros que gritaban. Así mataba el tigre negro a
los shiringueros.
Mi
padre me contaba esa historia cuando yo era niño, sentado en el piso de nuestra
casa en Sarapanga, una isla en el Río Marañón en el noreste del Perú. Con el
humo de tabaco que nos envolvía y el sonido del río que pasaba a pocos metros,
la historia del tigre negro cerraba una tarde de cuentos, luego del cual él nos
mandaba a dormir.
Años
después, lo volví a escuchar cuando visitaba comunidades con mis colegas de
Radio Ucamara, una pequeña emisora en la ciudad de Nauta. El personal de la
radio es kukama y la mayoría de nuestros oyentes son de comunidades kukama.
Al
principio, el cuento me extrañaba. El jaguar es un depredador solitario y
selectivo, que solo mata lo que necesita para comer. Pero poco a poco la
historia del animal que mataba a seres humanos y chupaba su sangre reveló una
verdad terrible. El tigre negro no era una felina del bosque, sino algo más
siniestro—la memoria viva de la época cuando el caucho, que había sido el motor
de la economía amazónica, provocaba la muerte o el desplazamiento forzoso de
miles de indígenas. Esa realidad está tan viva ahora como hace un siglo, cuando
la época del caucho estaba en auge.
“Los
mitos indígenas muchas veces no son lineales. No necesariamente son
cronológicos. No se trata tanto de contar precisamente lo que pasó, sino de socializar
los eventos del pasado para que puedan formar parte de la memoria colectiva de
tal forma que tengan sentido dentro de la cosmovisión indígena", dice el
Jonathan Hill, antropólogo de la Universidad de Illinois Sur, quien ha
recopilado historias de la época del caucho en Venezuela. Creo que es un
proceso de sanación", dice.
El
mito, según Hill, les permite a los pueblos indígenas interpretar sus propias
historias y mantener su identidad cultural dentro de las sociedades
predominantemente no indígenas de America Latina.
* * *
Para
los pueblos indígenas de la Amazonía, la época del caucho fue un periodo
histórico particularmente traumático.
La expansión
de la manufactura industrial comercial en Europa y Estados Unidos en el siglo
XIX desató una bonanza económica en América del Sur al crear un apetito voraz
para caucho para tubos, llantas, cinturones y otros usos. Las ciudades de
Manaus y Belém, en Brasil, e Iquitos, en la Amazonía peruana, todavía reflejan
las fortunas ganadas al final del siglo XIX, antes de que algunos viajeros
británicos llevaran semillas de la planta del caucho a su país. Se sembraron
las semillas allí y se llevaron los plantones al Asia, donde se establecieron
grandes plantaciones.
Sin
embargo, las fortunas se debían al trabajo forzoso y la esclavitud. Miles de
hombres, mujeres, niños y niñas murieron en el trabajo o fueron asesinados por los
capataces por no entregar su cuota de latex o por rebelarse.
Uno de
los empresarios del caucho más brutales fue el peruano Julio César Arana, quien
forjó un imperio por el Río Putumayo durante la primera década del siglo XX,
aprovechando de la ausencia de la ley en un área donde la frontera entre el
Perú y Colombia era borrosa. Relatos de violaciones, torturas y matanzas de
trabajadores indígenas finalmente llegaron a Inglaterra, donde la empresa de
Arana estaba registrada. Bajo presión de los medios y de una organización de
derechos humanos allí, una investigación fue abierta por el diplomático Roger
Casement.
El
informe demoledor de Casement, entregado a la oficina de Relaciones Exteriores
de su país en el año 1911, generó otra investigación en Inglaterra, porque tres
de los directores de la empresa fueron ingleses, pero tuvo poco impacto en el
Perú, donde la mayoría de los abusos quedaron impunes.
Al
final, lo que puso fin a la fiebre del caucho en esta región del mundo fue la
economía. Las plantaciones en Asia empezaron a producir más latex a un costo
más bajo, y el "boom" en la Amazonia entró en declive. Sin embargo,
la producción del caucho—y el abuso a los trabajadores indígenas—seguía en la
Amazonia peruana por unas décadas más, hasta mediados del siglo XX.
Algunos
comuneros kukama en el bajo Marañón trabajaban el caucho hasta los años 50 y
60. No fue un trabajo esclavo, pero los habilitaron los patrones en el área que
ahora es la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, un área enorme de humedales y
bosques estacionalmente inundados en la región de Loreto que forma parte del
sistema nacional de áreas protegidas.
Aunque ellos
no vivían el auge de la época del caucho, cuando Arana reinaba, la memoria
colectiva sigue viva en los relatos que ellos escucharon de sus padres y
abuelos, y en mitos como el del tigre negro.
* * *
Aun
ahora, cuando los descendientes de las víctimas cuentan de las torturas,
violaciones y matanzas perpetradas por los empresarios del caucho, se les caen
las lágrimas, según Stefano Pau, un estudioso de literatura y cultura
latinoamericano de la Universidad de Cagliari en Italia. Pau ha recopilado
historias y mitos de esa época en Nauta y en comunidades en el Río Ampiyacu,
afluente del Amazonas en el Perú.
Yo he
experimentado lo mismo. Cuando me senté, grabadora en la mano, a pedirle a mi
padre que me contara de su vida durante esos años, me miró fijamente a los ojos
y empezó por contarme que todo era lindo en ese tiempo. En seguida se quebró su
voz, sus manos temblaron, inclinó su cabeza y empezó a llorar. Lo que escuché a
continuación encogió mi corazón. Sentí ira, deseos de venganza. Lo que escuché
esa tarde cambió mi vida.
Desde
entonces, con mis colegas en Radio Ucamara hemos recopilado más de 70 relatos
de la época del caucho. Otras personas llevan a cabo esfuerzos similares, entre
ellos los artistas huitoto Rember Yahuarcani y Brus Rubio. El antropólogo
peruano Alberto Chirif, de Iquitos, ha editado dos relatos de la época que don Ramiro
Rojas Paredes, un huitoto murui que nació en el año 1923 en el corazón del
imperio del caucho, le contó a su nieto, Alex Acuña, antes de morir en el 2008.
Además
de la historia del tigre negro, que
refleja la crueldad de los empresarios del caucho, los relatos que hemos
recopilado contienen otras imágenes de esa época que se han entretejido con el
mundo espiritual kukama, conectando el pasado con los eventos de coyuntura en
el Marañón.
Foto: Leonardo Tello
Relatos de barcos fantasmas—embarcaciones
bien iluminadas, donde hay bailes y fiestas, que pescadores kukama ven en el
río de noche, y que desaparecen sin dejar huella—son un recordatorio de la
época de bonanza, cuando los patrones viajaron en un estilo lujoso sostenido
por la explotación de los trabajadores indígenas.
Esos barcos todavía aparecen en lugares donde
se despachaba el caucho en embarcaciones o donde se llevaba a cabo alguna otra
actividad relacionada con el caucho. El mito volvió a cobrar relevancia con la
llegada de las embarcaciones petroleras y los cruceros turísticos que transitan
por el río.
Ver video en esta dirección:
http://www.sapiens.org/culture/rubber-era-myths/
Otro tema que se repite es el del bufeo
colorado, que toma la forma de un hombre de tez clara, vestido de botas y
sombrero. Aparece en las comunidades, enamora a las mujeres y las deja
embarazada.
Aunque algunos mitos del bufeo colorado son
más antiguos, esta versión tiene sus raíces en la época cuando los hombres
pasaban meses en el bosque, dejando a sus mujeres e hijos en las comunidades, a
la merced del patrón. Si un hombre volvía a casa y encontraba a un niño que no
era su hijo, se le echaba la culpa del embarazo al bufeo colorado.
“Yo he visto cómo
llegaron a los puertos de la comunidad y encontraron a mi tía y a mis primas
lavando en el río, ahí las agarraron y las violaron a mis primas y a su madre,
yo estaba viendo escondido desde un árbol de guayaba”, dice Víctor Canayo Pacaya, un hombre de 64 años, oriundo de una
comunidad en el Marañón quien reside ahora en Nauta.
Muchas de las mujeres y niñas que vivían esta
violencia aún viven, son madres y abuelas, pero nunca se han escuchado sus
historias. No se ha hecho nada para reconciliar el pasado o sanar esas heridas,
y sus hijas y nietas muchas veces sufren una agresión sexual similar cuando
dejan sus comunidades y viajan a las ciudades a trabajar como empleadas del
hogar, a veces en las casas de los
descendientes de los patrones.
* * *
En el
2012, a un siglo del informe de Roger Casement, el gobierno colombiano
oficialmente pidió perdón por las atrocidades cometidas en La Chorrera, en el
corazón del imperio de Arana, ubicado en territorio que ahora pertenece a
Colombia.
Sin
embargo, las disculpas no llegaron a los oídos de muchas de las personas cuyas
vidas siguen siendo marcadas por el desplazamiento, y la discriminación y el
trato humillante persisten. El turismo sexual infantil, las permanentes
contaminaciones por derrames de petróleo, la apropiación de sus territorios,
entre otras cosas, son la expresión de que esa época de dolor y de explotación
no ha terminado.
La
frontera de bosque espeso entre el Perú y Brasil tiene la mayor concentración
de pueblos en aislamiento—tribus que generalmente evitan contacto con personas
foráneas—en el mundo. Muchos son descendientes de personas que huyeron hacia
las cabeceras para escapar el genocidio desatado por los patrones del caucho.
A pesar
de un cierto nivel de reconocimiento de la tragedia de parte de los
funcionarios del gobierno y hasta en la literatura—la novela El Sueño del Celta, del autor peruano
Mario Vargas Llosa se basa en la historia de Casement—ha habido poco
reconocimiento de la dimensión moral de la época del caucho y sus secuelas.
En
Radio Ucamara quisiéramos ver la época del caucho incorporado al Lugar de la
Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, un nuevo museo en Lima dedicado
principalmente a la memoria histórica de la violencia política de las décadas
de los 80 y 90.
Algunas
activistas de derechos indígenas también reclaman reparaciones por la
violencia, una idea todavía incipiente según Victoria Tauli-Corpuz, relatora
especial de la ONU para los derechos de los pueblos indígenas.
Durante una visita oficial a Brasil en marzo
del 2016, Tauli-Corpuz recomendó una investigación nacional de la situación de
los pueblos indígenas. Una investigación de esa naturaleza permitiría explorar
no solo la situación actual de los pueblos indígenas, sino también las raíces
estructurales e históricas de los problemas que enfrentan, según Tauli-Corpuz.
Foto: Leonardo Tello
La
generación que mantiene vivas estas memorias se nos va. Mi padre tiene ahora 98
años, y algunas de las personas que nos contaron sus historias en los últimos
años han fallecido. Cuando los jóvenes leen de esas décadas en sus textos de
historia, aprenden nombres y fechas, pero no aprenden la profundidad del horror
que afectó, y que sigue afectando a sus abuelos, sus padres y ellos mismos.
Es importante seguir escuchando a la gente mayor,
mujeres y hombres, sus testimonios en primera persona. Sin embargo, también hay
que asegurar que estas historias, tanto los relatos de eventos como los mitos,
lleguen a la gente joven, pues muchos jóvenes de hoy no comprenden por qué aun
tanta humillación, tanto insulto y tanta exclusión hacía los pueblos, hacia la
gente.
“Convertir la historia en mito no es
simplemente reiterar los hechos, sino tiene que ver con la dimensión
moral", según Hill. Con estos relatos, las personas "ya no se
entienden a sí mismas como meros descendientes de ancestros míticos. Son gente
descendida de los sobrevivientes de un pasado histórico traumático".
Minha família pode ser descendente de Kukama que migrou para o Brasil para trabalhar com borracha, desde então vivemos sem história, se tiverem relatos sobre por favor me contatem. Meu insta é @raianetueste
ResponderBorrarHola, perdon la tardanza en responder. Muchas familias kukama de Peru huyeron de la crueldad de los patrones del caucho hacia brasil y colombia. Quiza tu familia sea una de ellas. Entra a nuestra cuenta de youtube como radio ucamara y mira los trabajos que ahi tenemos.
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